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Boletin 352: La Post-Verdad y la causa pro vida

 

08 de febrero, 2017

 

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Por Carlos Beltramo

 

En 1922, el profesor Walter Lippmann afirmó en su obra “Public Opinion” que los medios de comunicación tienen un rol importante en la construcción de la realidad social al ser los que posibilitan que la gente entienda lo que sucede en el mundo.

Según Lippmann, los medios desarrollan las imágenes del mundo que las personas utilizamos para pensar sobre los temas sociales y para tomar decisiones. Entonces, aunque nuestro criterio parezca el resultado de nuestros pensamientos propios, para la mayoría, “el mundo” es algo así como “una realidad de segunda mano creada por los medios” (Cfr. LIPPMANN, W., La opinión pública, Langre, San Lorenzo de El Escorial, 2003).

Este concepto animó a los periodistas a interpretar su papel en la sociedad y a transformarse en “creadores de realidades de segunda mano para el público”. Y el público, todos nosotros, muchas veces no tenemos otra forma de saber lo que pasa que leer esos periódicos.

Al principio los periodistas tenían un compromiso con la verdad y mantenían un cierto nivel de objetividad. Así, en los periódicos encontrabas incluso noticias que no estaban de acuerdo con el pensamiento del periodista o del director. Después, los periódicos empezaron a tomar partido: algunos eran conservadores y otros progresistas. Poco a poco la gente fue eligiendo, según su gusto, qué periódico leer. Pero llegamos al año 2016, el año del Brexit, del referéndum en Colombia y en Italia, pero, sobre todo, el año del fin de Obama y de las elecciones en Estados Unidos. Y de pronto nos dimos cuenta que la mayoría de los periódicos ya eran de una sola tendencia, que miran las cosas de una sola manera: la que ellos quieren.

Descubrimos también que construyen “realidades de segunda mano” (como diría Lippman) usando varias herramientas del periodismo, como el gatekeeping, el priming y el framing, para mostrar “una sola verdad”: la suya, y que la gente crea que eso es la realidad.

Y los periodistas y comunicadores se sintieron tan cómodos en esta “realidad paralela” que sale todos los días en los periódicos, que ya no se preocuparon en saber si era verdad o no, si las cosas ocurrían en la vida diaria como ellos decían o no. Además, empezaron a decidir que había noticias que no debían aparecer, para no romper esa “realidad de los medios”. El fin justifica cualquier acción. Estos periodistas se convencieron tanto de que ellos tenían razón, que pensaron que mentir estaba justificado. Nació entonces la post-verdad. Y da la “casualidad” de que estos periodistas construyen una realidad alentando el progresismo, una cultura que justifica el aborto, la anticoncepción, la ideología de género, además de otras ideas en diferentes campos.

En esta forma de hacer periodismo un personaje como Trump es inconcebible. Es el enemigo, el que está fuera del sistema, el que está mal. No importa lo que diga o haga: está mal. Es un mal hombre aunque haga una buena acción pública. Es necesario sacarlo de la realidad. Para ello es válido atacarlo, mentir, exagerar sus errores, hablar solo de sus defectos, esconder sus aciertos o presentarlos como si fueran ataques a la libertad. Y todo dicho con mucha alarma, generando pánico.

La prensa en Europa está totalmente cautiva de este discurso. Casi no hay un solo periodista que no crea fervientemente que Trump es la encarnación de todo lo malo. Y diariamente trabajan para que toda la población lo crea así. Es tan fuerte el dominio de estas ideas, que incluso obispos y católicos de buen corazón creen que están en la obligación de condenarlo y luchar contra él.

Cada vez más siento, al leer la prensa en Europa a diario, que el término más exacto para describir lo que pasa es “intoxicación”: la prensa nos está intoxicando y ha puesto en la botella de veneno la foto de Donald Trump, para que creamos que él es el culpable “de todo”.

Y mientras tanto, ni una línea sobre las órdenes ejecutivas sobre la Política Ciudad de México, ni una línea sobre la Marcha por la Vida (En España, ni siquiera la cadena de radio de los obispos comentó nada absolutamente de la Marcha por la Vida y sí había comentado sobre las Marchas de Mujeres contra Trump y todas las protestas). Cada vez que Trump nombra a un funcionario en su administración, se pone a los nominados títulos como: “radical”, “rígido”, “ultra-conservador”, “simpatizante del KKK”, etcétera. No hay un solo comentario positivo (¡ni uno solo!) si se trata de un nombramiento de Trump o de algo que haga Trump.

La causa de la vida está ganando mucho con gente buena en el nuevo gobierno de Estados Unidos. La causa de la Vida gana mucho con la Política Ciudad de México o con quitarle fondos a Planned Parenthood. Pero también hay que pensar en que muchos de nuestros aliados naturales, fuera de Estados Unidos, no lo entienden porque se les oculta la verdad, se la retuerce, se la manipula.

Es la hora, entonces, de las comunicaciones personales, de las redes sociales, de superar a la post-verdad del progresismo. Es necesario si se quiere que el resultado sea mejor aún y que la presión internacional baje un poco. No se trata de ocultar los defectos de una persona. Se trata de hablar con franqueza, de lo bueno y de lo malo, y que la gente decida qué apoya y qué rechaza. Es hora de que los que están cerca de las fuentes rompan el cerco de los medios. El propio Trump lo hace usando su cuenta en Twitter. Es algo extraño que el presidente de Estados Unido siga enviando Tweets. Pero no es extraño si se entiende la barrera de post-verdad que le ha puesto casi todo el periodismo. "Los pro vida debemos también usar en primera persona las redes sociales para ayudar a aclarar las cosas, para aumentar la ola a favor de la vida."